“Flamin’ Hot” (2023), dirigida por Eva Longoria, propone una narrativa corporativa poco habitual: el origen de uno de los productos más rentables de Frito-Lay contado desde la periferia social, cultural y económica. La película se articula alrededor de Richard Montañez, un trabajador de origen mexicano que, desde el área de aseo de una planta industrial en California, identifica una oportunidad de mercado ignorada por la alta dirección.
No se trata únicamente de una historia de superación personal. El largometraje construye un estudio práctico —simplificado, pero funcional— sobre innovación frugal, lectura de mercado, posicionamiento cultural, negociación interna y liderazgo informal. En términos empresariales, la película dramatiza una tesis contundente: la ventaja competitiva no siempre surge en los comités estratégicos, sino en la observación directa del consumidor real.
Richard Montañez crece en un entorno de pobreza estructural, violencia y exclusión laboral. Tras ingresar a Frito-Lay como conserje, entra en contacto con la cadena productiva y con el lenguaje corporativo de la empresa. Un despido masivo y la automatización de procesos lo obligan a replantear su rol dentro de la organización.
Montañez detecta un vacío: la comunidad latina, creciente en Estados Unidos, consume los productos de la marca, pero no se siente representada por ellos. A partir de recetas caseras, intuición comercial y observación cultural, desarrolla una versión picante de los snacks tradicionales.
Sin respaldo institucional, contacta directamente a ejecutivos, prepara una presentación improvisada —un pitch sin metodología formal, pero con narrativa auténtica— y logra una reunión con la alta gerencia. El producto se prueba, se valida en mercado local y, tras resultados positivos, se escala nacionalmente.
La película omite deliberadamente los matices legales y las disputas posteriores sobre la autoría real del producto, pero en su arco narrativo presenta un caso clásico de intraemprendimiento: innovación desde dentro, con riesgo personal elevado y capital político inexistente.
Lecciones clave
1. Lectura del mercado desde el territorio
Montañez no utiliza estudios Nielsen ni focus groups sofisticados. Utiliza observación directa, experiencia cultural y contacto con el consumidor final. En jerga empresarial: inteligencia de mercado de base.
2. Innovación como reconfiguración simbólica, no solo técnica
El producto no era radicalmente distinto en composición, sino en significado cultural. El picante se convierte en identidad, no en simple ingrediente.
3. Liderazgo sin cargo
El protagonista ejerce influencia sin jerarquía formal. Convoca, persuade y moviliza recursos desde una posición organizacional invisible.
4. Estrategia oportunista bien ejecutada
Aprovecha ventanas organizacionales: reestructuraciones, cambios de CEO y confusión interna para insertar su propuesta.
5. Gestión del riesgo personal
La película muestra con crudeza que innovar dentro de una corporación puede implicar endeudamiento, conflicto familiar y exposición laboral.
6. Storytelling como herramienta de negocio
La presentación del producto no se apoya en cifras, sino en narrativa identitaria. Hoy, eso se denomina brand purpose.
Valor corporativo
“Flamin’ Hot” dialoga con una realidad empresarial concreta: los mercados multiculturales son hoy motores de crecimiento, no nichos marginales. McKinsey ha señalado que “las empresas con estrategias inclusivas de mercado superan a sus competidores hasta en un 35 % en crecimiento orgánico” (McKinsey & Company, Diversity Wins, 2020).
La película también evidencia una tensión contemporánea: las corporaciones desean innovación, pero castigan la disrupción cuando proviene de actores sin legitimidad interna.
Además, plantea una advertencia silenciosa: la apropiación institucional del mérito individual es una práctica recurrente. El sistema premia el resultado, no necesariamente al innovador.
Corto análisis
Desde el lenguaje cinematográfico, la película opta por una estructura clásica de “sueño americano corporativo”. Esto reduce la complejidad real de los procesos de innovación industrial, que suelen involucrar equipos multidisciplinarios, propiedad intelectual compartida y validaciones prolongadas.
El conflicto ético se presenta suavizado. La empresa aparece como una entidad finalmente justa, cuando en la práctica las organizaciones suelen absorber ideas sin redistribuir proporcionalmente el valor generado.
No obstante, la película acierta en un punto esencial: la innovación empresarial rara vez nace de la genialidad aislada, sino de la fricción entre cultura, necesidad y oportunidad.
En términos narrativos, se privilegia la épica personal sobre el realismo corporativo. Es una decisión estética legítima, pero que el lector empresarial debe decodificar con criterio crítico.
El valor empresarial detrás de esta historia
“Flamin’ Hot” no es un manual de estrategia. Es un espejo emocional de cómo funcionan realmente muchas organizaciones: jerarquizadas, culturalmente miopes y dependientes de voces que rara vez escuchan.
Para emprendedores, muestra que el capital simbólico puede ser tan poderoso como el financiero. Para ejecutivos, recuerda que la innovación no se decreta en PowerPoint: se detecta en el territorio.
Para líderes, deja una lección incómoda: ignorar a quienes limpian los pasillos hoy puede significar perder el próximo producto multimillonario mañana.
Y para el ecosistema creativo-empresarial latinoamericano, ofrece una narrativa valiosa: la identidad cultural no es un obstáculo comercial, es una ventaja estratégica.
Como lo expresó Clayton Christensen: “la innovación disruptiva casi siempre surge de los márgenes, no del centro” (Christensen, The Innovator’s Dilemma, Harvard Business School Press).
Dónde verla
Plataformas de streaming donde está disponible “Flamin’ Hot” (2026)
- Disney+
- Star+ (integrado en Disney+ en varios países de Latinoamérica)
Disponibilidad sujeta a región y acuerdos de licencia vigentes.





